EL MAGACÍN DE SM

PARA LA FORMACIÓN DEL PROFESORADO

A fondo

Cómo formar alumnos menos vulnerables a los medios

Imágenes ideales de cuerpos de mujeres y hombres, de seres perfectos capaces de casi todo; bulos que contradicen verdades científicas; bromas crueles con los más débiles como víctimas; mensajes machistas, homófobos, aporófobos o racistas. Son algunas de las realidades a las que se enfrentan niñas y niños cuando se exponen a los contenidos de los medios de comunicación y de las redes sociales. Estas últimas, han añadido, al rol de meros consumidores que ya tenían niñas y niños, los papeles de creadores, evaluadores y reproductores de contenidos.

Algunos de los mensajes que aparecen en los medios de comunicación y en las redes sociales pueden dañar seriamente el autoconcepto y la autoestima de chicas y chicos como individuos, y hacer muy difícil la convivencia dentro y fuera del aula. Por eso, es más importante que nunca que la escuela trabaje para convertir a los alumnos en consumidores conscientes y productores y reproductores responsables de mensajes. Es lo que se conoce como alfabetismo en medios.

La profesora de la Facultad de Educación de la Universidad de Sidney Jenny O’Dea, explica que el alfabetismo de medios permite que las chicas y chicos sepan identificar los distintos tipos de medios y mensajes y analizarlos críticamente. «Un estudiante alfabetizado en medios sabrá descifrar y analizar los mensajes de los medios y, por lo tanto, será menos vulnerable a las estrategias de marketing usadas para inducir a los jóvenes al consumismo», concreta.

Por su parte, Santiago Tejedor, experto en comunicación y formador de periodistas de la UAB, recuerda la relevancia del nuevo rol de los alumnos y la necesidad de «reforzar la importancia de lo que significa ser autor, y por lo tanto decidir cuándo no publicar, cuándo no compartir o cuándo no dar proyección a contenidos que muchas veces acaban convirtiéndose en nocivos».

Liberarse del algoritmo

La youtuber Esther Cañas, muy popular entre jóvenes y adolescentes gracias a su canal Atrapatusueño, que supera el medio millón de suscriptores, explica por qué el mundo de los nuevos medios, a pesar de su riqueza de mensajes, acaba convirtiéndose en una trampa en la que la realidad que ve el usuario es muy limitada: «ahora los algoritmos de las redes sociales son muy puñeteros, porque te enseñan lo que tú quieres ver, y esto es meterte en un agujero negro muy turbio, porque no te muestran otras realidades, está hecho para que te salga exactamente lo que tú quieres».

Cañas explica que, cuando ella iba a dar charlas a escolares, quería mostrarles «otro lado de YouTube», ya que considera que tienden a seguir solo a los más famosos; así que les enseñaba que hay vídeos de profesores o documentales de cualquier tema, de matemáticas o filosofía, por ejemplo, y que pueden usar la red «como si fuese una enciclopedia»;  que no solo hay influencers. «Hay canales maravillosos», afirma, y nombra como ejemplo  a Jaime Altozano, «que enseña la música que da gusto». Para ella, «el hecho de mostrar canales diferentes ayuda un montón a los adolescentes».

Por otra parte, esta generadora de contenidos considera muy complicado hacer que los influyentes sean conscientes de su rol y se autorregulen, sobre todo teniendo en cuenta que las redes sociales son un «un universo de personas, de cultura, de pensamiento, de ideologías…». Por lo tanto, propone educar al público —en este caso a los alumnos— para que aprendan a quién seguir, ya que a menudo el niño sigue a alguien por inercia, porque tiene seguidores, «y no sabe que hay otro universo paralelo, de influencers que le van a aportar muchísimo». Insiste en que eso es lo que hay que cambiar, «el mostrarles a esos niños cuentas diferentes, cuentas que están transmitiendo otros valores».

Cañas pone como ejemplo algunos de sus propios vídeos: «Tengo una semana en silla de ruedas, que hablo de todos los problemas que tienen las personas en silla de ruedas por la calle…; entonces, vídeos de estos, que los han puesto los profesores, y luego me han dicho “ahí te conocí, por mi profesor, y ahora me encanta tu contenido”. Algo tan simple como ponerlo, incluso 5 minutos, los alumnos ya lo apuntan. Y luego indagan, y a lo mejor les gusta ese contenido, que no estaba a su alcance, pues porque no les sale recomendado. Yo creo que algo tan simple como mostrar otra variedad ya les ayuda».

Cuerpos diferentes

Según Jenny O’Dea, que ha trabajado especialmente la influencia de los medios sobre la imagen corporal de los escolares, un aspecto importante al educarlos para que dicha imagen sea positiva es el alfabetismo en medios, que ayuda a chicas y chicos a entender y rechazar mensajes que promueven el ideal delgado entre ellas y el musculoso entre ellos. «Según varios estudios recientes, existe un vínculo entre la influencia negativa de los medios de comunicación y la visión que la gente joven tiene de su cuerpo», afirma.

La investigadora australiana explica que los medios hacen que chicas y chicos se comparen con imágenes idealizadas y generen «un sentimiento de fracaso y de insuficiencia muy perjudicial que conlleva, a menudo, una búsqueda vana, y de por vida, del cuerpo ideal inalcanzable», lo que a su vez puede provocar graves alteraciones alimentarias.  Explica que un análisis permitió ver que, en la mayor parte, la autoimagen corporal de las participantes era considerablemente más negativa tras ver a mujeres delgadas en los medios, algo que no ocurría después de ver a modelos de tallas medias o grandes, casas o coches.

O’Dea explica el  programa Todos somos diferentes, en el que un grupo de escolares australianos de secundaria llevaron a cabo actividades de alfabetismo en medios. Tenían como objetivos concretos: concienciar sobre estereotipos; trabajar el pensamiento crítico para analizar mensajes; ver cómo los mensajes de los medios funcionan para vender productos e ideas; descubrir cómo se crean y retocan las imágenes para que parezcan perfectas; comprender en qué medida los medios pueden afectar negativamente la autoimagen y la autoestima; rechazar mensajes inadecuados y poco saludables; y reforzar la idea de que todos somos diferentes, y que esa diversidad, y el ser único, son realidades respetables y de gran valor.

También Esther Cañas contribuye a la reflexión sobre la influencia de los nuevos medios en la autoimagen corporal. «Los adolescentes siguen, en parte, como está su psicología en ese momento. A lo mejor, si tienen un montón de complejos, porque están creciendo, están en esa etapa adolescente que no te gusta tu cuerpo, sigues a influencers como top models, porque es como lo que aspiras a ser, inconscientemente. A lo mejor no te sale seguir a alguien que no tiene un cuerpo normativo».

En cuanto al tan generalizado uso de filtros en las fotografías que se cuelgan en las redes sociales, y que hacen que cuerpos normales, con sus defectos, aparezcan como si fueran perfectos, Cañas insiste en que hay influyentes conscientes y otros que no lo son. Cree que la clave es «hablarles a los jóvenes de eso, y que ellos recapaciten de estos problemas. Yo soy partidaria de hablarles a los adolescentes como si fuesen adultos, incluso a los niños. O sea, que tontos no son; están cambiando, pero entienden bastantes cosas. Entonces, solo el hecho de hablar de este tema, de explicarles cómo psicológicamente afectan los filtros, cómo tienen que ser ellos mismos conscientes de que es una falsa realidad, eso ya les beneficia».

El arte de hacerse preguntas

Santiago Tejedor incide en la línea de promover el sentido crítico como fórmula para preparar a los alumnos para los medios de comunicación: «en una sociedad del clickbait, de la superficialidad, deberíamos ahondar en lo importante que es que nuestros jóvenes sepan discernir esa información de calidad de la información que no es de calidad…». Propone recuperar la esencia de la lectura sosegada y contextualizada, «muy importante, especialmente en un momento en que los estudios nos dicen que los jóvenes retuitean sin leer, aprietan el botón Like sin leer; o, en el mejor de los casos, leen únicamente el titular».

Más genéricamente, Tejedor defiende la promoción del espíritu crítico para formar a ciudadanos menos vulnerables, con la pregunta como principal instrumento. «Hay un libro decisivo que se llama El arte de hacer buenas preguntas que debería estar presente en todo nuestro sistema educativo», afirma, y recuerda que la tarea implica a diversos actores: «Insisto en esa propuesta pedagógica de que las universidades, las escuelas, los institutos, e incluso los medios de comunicación, no deberían ser lugares donde encontrar respuestas, certezas, sino todo lo contrario. ¿Por qué no pensar en unos medios de comunicación y en unas instituciones educativas que inviten a la permanente reflexión y a la búsqueda continua de nuevas, y nuevas y nuevas preguntas? Ahí encontraríamos un acicate decisivo para que nuestros jóvenes siguieran en esa aventura de exploración, de descubrimiento, que es el aprendizaje».